Junio 2008


Suele considerarse como algo normal la declinación de la vida sexual a medida que una relación avanza en el tiempo. La familiaridad con el otro también quiere decir que quedan menos sorpresas por compartir. Tú sabes exactamente lo que la otra parte va a hacer, cuándo va a hacerlo, cómo ocurrirá precisamente, y también sabes qué es lo que se espera de ti. Generalmente, la espontaneidad desaparece y, a veces, el sexo abandona definitivamente la pareja.

Si el problema está conectado a su libido, sin embargo, y no con tus sentimientos para con la relación, entonces hay algunas cosas que aún puedes intentar —con o sin su conocimiento—.
Ten en cuenta que la depresión, las enfermedades autoinmunes, y otras patologías generadoras de fatigas pueden ser grandes enemigos de las relaciones íntimas. En consecuencia, si sospechas que existe una causa médica detrás de sus bajos niveles de libido, estas estrategias serán beneficiosas pero en ningún caso milagrosas.

Ejerciten juntos
Lo sabemos: es aburrido. Pero realmente funciona. Todos conocemos todos las buenas consecuencias que se relacionan a la práctica de ejercicios, a la ingesta de frutas y vegetales, al consumo de agua, etcétera; ¿pero cuántos de nosotros lo hacemos? ¿Y cuántos de nosotros nos quejamos cuando nos sentimos en mal estado? El ejercicio —incluso cuando no sea más que una corta caminata— estimulará tu cuerpo, por ejemplo, generando endorfinas. Para simplificarlo: si ella se siente más energizada, entonces las probabilidades de beneficiarte de sus recompensas sexuales serán mucho mayores.
Pero no sólo es tu vida sexual la que se beneficiará. Es todo. Ella estará de mejor humor por períodos de tiempo cada vez más prolongados, será más tolerante, tendrá más energía, y ella se sentirá más deseosa de ser espontánea y divertirse. Asimismo, su autoestima mejorará inmediatamente, al igual que la imagen que le devuelva el espejo —aunque en un principio esto sea sólo mental—. Y, desde luego, la magia del ejercicio también se aplica a ti, por lo que al hacer actividad física juntos la pareja se beneficiará enormemente, y mucho más rápido de lo que imaginas.

Desintoxíquense
Nuestros cuerpos producen sus propios venenos a diario. Esto ocurre a raíz de la actividad normal de nuestras células; no tiene que ver con que fumes, bebas en exceso, ingieras comidas chatarras a menudo, o vivas en una ciudad con altos índices de polución. De cualquier forma, la mayor parte de las personas suele incurrir en alguno de los hábitos o situaciones recién mencionados, lo que no hace más que agregar una carga al sistema de limpieza de nuestros cuerpos: el hígado, los riñones, el intestino, y la piel. Agrega a todo esto la falta de ejercicio, de agua fresca, y de alimentos de calidad, y tendrás la receta perfecta para el cuerpo tóxico arquetípico. Esto no afecta únicamente la libido, sino que al cuerpo entero. En consecuencia, puedes sufrir patologías como acné, constipación, eczema, alergias, bajos niveles de energía, y falta de deseo sexual.
Solemos pensar que podemos hacer todo lo que queramos sin que nuestros cuerpos acusen recibo de dicho abuso. Pues bien, las cosas no funcionan así precisamente. Una cosa a la vez comienza a descalabrarse hasta que un día nos despertamos preguntando dónde están nuestra juventud y nuestra vitalidad —y nuestra virilidad, por cierto—.
Un proceso de desintoxicación, basado sobre todo en una vida más saludable, puede ayudar a que el sexo vuelva a ser un protagonista de la relación. Existen numerosos libros que puedes comprar online y que pueden ofrecerte información acerca de cómo mejorar tus hábitos diarios y tu estilo de vida. Sugiere una desintoxicación como una actividad para practicar juntos —como dejar de fumar y arrojar toda la comida chatarra de la alacena— y podrías percibir pronto un incremento en sus niveles de energía.

Genera adrenalina
La excitación no es algo que experimentemos en nuestros cuerpos todos los días —a no ser que seas instructor de paracaidismo—. La consecuencia fundamental de la excitación es la producción de adrenalina, además de un aguzamiento general de los sentidos, pérdida del aliento, y estado de estupefacción entre otros. Esto puede producirse al escalar una montaña, al montar un caballo, al manejar un automóvil, o al dar un paseo en un globo aerostático.
Si tú y tu mujer son verdaderamente valientes, el bungee jumping, el esquí, o el montañismo serán suficientes para generar excitación. Cualquiera sea la actividad que elijas para generar adrenalina, el simple gozo resultante de hacer algo diferente producirá un extraño fulgor en sus ojos, una sonrisa en sus labios, y una chispa en su corazón —una buena receta para divertirse tanto dentro como fuera del dormitorio—.

Comunica tus deseos
Tómate un tiempo para reconectarte con ella. Es muy fácil sentirte avergonzado, dolido, humillado y rechazado en todo lo relacionado al sexo —o a la falta del mismo—. Muchas parejas eligen mirar hacia otra parte y hacer como si nada estuviera ocurriendo. En consecuencia, es importante abrirse a los problemas que ambos pueden estar experimentando.
Imagina por qué la pasión pudo desaparecer, confecciona un plan para resolver los problemas —sí: puede ser aburrido, pero no tanto como pasar una vida entera sin tener eso—, y llévalo a la práctica. Sin dudas, esta es la mejor estrategia, ya que las parejas que se comunican tienen más y mejor sexo que aquellas que no lo hacen. Además, una vez que ella saque los sentimientos opresivos de su interior y los comparta con su amante compasivo, es posible que experimente un renacimiento de su libido.

Sexo programado
Debes hacer tiempo para la pasión; no siempre puede darse en forma espontánea, al estilo de la forma de hacer el amor en las películas de Hollywood. A menudo, en nuestras vidas ocupadas, estamos demasiado cansados, estresados o preocupados para poner la mejor predisposición en los asuntos referentes a la relación más importante de nuestras vidas, y este estilo de vida altamente estresante podría ser lo que esté exterminando su libido.
Hacer tiempo es importante para asegurarte en forma regular, ver y comunicarte en forma activa con tu pareja, y también para disponer de algunos instantes de calidad para hacer sus cosas. Es bien conocido el hecho de que mientras más sexo tenemos, más sexo queremos, de modo que, aunque programar sexo en una fecha específica pueda parecer ridículo, terminará siendo algo extremadamente positivo para la relación.

Eso sí, procura hacerlo en forma romántica. Por ejemplo, tengan una cita o hagan algo fuera de lo común, incluso cuando se trate de pedir comida en algún lugar y compartir una botella de vino. No tiene que durar toda la noche; de hecho, pueden ser una o dos horas, en las que ella y tú sean lo único y lo más importante en este mundo.

Fuente: En Plenitud

® BESOS, los de siempre…

    Pabailar

Desde niño uno sabe que el padre viene segundo porque primera es la madre.
En las plazas sobran estatuas que la celebran, pero faltan las del padre.  Ni Dustin Hoffman en “Kramer vs. Kramer” ni Arturo Puig en “Grande, Pa” pudieron alterar la leyenda.  Madre hay una sola: padre puede haber otro.  La mamadera nunca será papadera y aunque el miedo es un miedo padre uno pide por la madre.  El complejo de Edipo tiene más rating que el de Electra, y en los momentos cruciales se invoca más a la madre que al padre: “Madre mía”,” ¡mamma mía!”, “la grandísima madre…” O “madre patria”, “madre tierra”, “salirse de madre”.
El bebe siente que mamá está antes que papá.  Ese destino de segundo hizo al padre más austero en asuntos sensibles. Para qué matarse besuqueando a sus hijos si al final siempre gana la madre.  Ventaja indescontable, que ni llenando la bolsa de Papá Noel, ni poniéndose en todo como un padre, logra emparejarla.  Aunque el cartel estelar del hogar lo comparten ambos, la estrella es la madre.  Para no desairarlo le concede algunos privilegios formales: jefe de familia, cabecera de la mesa, el que lleva las riendas.  Pero la que cocina el estofado es la madre.  “¡Ah!, si lo supiera tu padre”, urde a sus espaldas para que el hijo en falta sea su cómplice.  Con lo cual el padre no se entera de ese amor secreto que trama la madre con el hijo.
Hoy es él quien recibe las ofrendas y regalos que él mismo paga.  Igual que en el del día de la madre, en que todos salen a comer al restaurante para que ella no cocine, también este domingo irán al restaurante para que ella no cocine y, como en el día de la madre, pagará el padre.  Y si no van al restaurante hace el asado para todos porque es el día del padre.  Lo hace con gusto: nació para eso desde cuando cazaba dinosaurios y además tenía que carnearlos y cargarlos al hombro hasta la cueva.  Pero al llegar la madre protestaba porque no sabía elegir los más tiernos.  Si cazar dinosaurios no era fácil, tampoco lo es tener trabajo hoy como para que viva una familia.
Ser padre argentino en estos tiempos ha sido una hazaña superior a ser madre o a ser hijo.
Por un instante, mientras lo miman en su día, al padre se le cruza la frustrada utopía de que si no fuera por la madre él sería el primero.  Pero que para lograr ese lugar tendría que resignar sus costumbres de padre y señor mío, y eso no lo hace ningún padre que se precie.  Por eso, para no armar ningún lío padre, asume su lugar detrás de la madre.  Las feministas -que también tienen padre- con tal de no celebrar a un varón son capaces de olvidarse de este día; pero al padre no le importa porque ama a todas las mujeres a partir de la madre.
Que haya un día del padre es una yapa, una compensación social, la ilusoria idea de que entre él y la madre hay un empate. Nadie se lo cree: y él, menos, porque sabe que pierde.  La madre es la dueña del dolor; al padre sólo le queda el papel de evitarlo.  Son socios en la empresa del hijo, pero la acción de oro la tiene la madre.

Aunque sea por esta vez quisiera ser justo y decir que el amor del padre es el más grande.  Hace mucho, al empezar el mundo, tuvo en sus manos el usufructo de la eternidad y la felicidad del Paraíso, pero eligió arriesgarse a copular y crear hijos.  Y pagó la temeridad de seducir a la madre desoyendo la veda.  Apostó a una manzana sabiendo que por amor lo perdía todo.  Ganó la madre: se quedó con el hijo dentro de ella.  Pero por estrategia y piedad le hace creer a él que es ella la que pierde.  Que hoy las madres no interfieran!!

Orlando Barone
El texto me lo envió Nancy Fontinuovo

Felicidades a todos los padres, en su día.

Y al mio todo el cariño del mundo, el lo sabe de memoria. ;-)

                                Según un sondeo de una firma de investigación de riqueza de Estados Unidos realizada a 1.134 personas, reveló que el 66 por ciento de las encuestadas y el 50 por ciento de los hombres estarían extremadamente dispuestos a casarse por dinero.

                                Las respuestas variaron según la edad. Las mujeres de treinta años fueron las más proclives a una respuesta afirmativa mientras que los hombres en sus veinte resultaron los menos interesados en la propuesta.

                                “Las cifras finales son shockeantes, pero están representando una realidad social ya que tanto hombres como mujeres parecen estar de acuerdo en algo: es importante tener dinero y cuanto más se tenga, mucho mejor, hasta me casaría”, comenta la socióloga mexicana Cielo Cárdenas Marín.

                                El matrimonio entonces no tiene una relación directa con el amor y con las motivaciones que culturalmente lo han estructurado? “Las prioridades han ido cambiando de acuerdo con las necesidades y exigencias sociales.

                                Es más probable que una pareja se case cuando tienen dinero y cuando hay una estabilidad, lo cual es lógico, pero de ahí a que cualquiera comprometa su vida a la de otro sólo por dinero es ya una exageración que preocupa por lo masiva que está resultándola opinión tanto en hombres como en mujeres”, agrega la especialista.

                                El precio matrimonial varía según la edad y el sexo. Cuando se les preguntó a las mujeres de veinte años, cuán grande debía ser el patrimonio del hombre para casarse, el promedio fue de 2,5 millones de dólares. La cifra desciende a 1,1 millones para aquellas de treinta años y vuelve a ascender a 2,2 millones para las mujeres de cuarenta.

                                Los hombres, tienen exigencias más económicas. El precio promedio fue de 1,2 millones de dólares. Aquellos de veinte años pidieron 1 millón y los de cuarenta, 1,4 millones.

                                Aquellas mujeres de veinte años que dijeron que se casarían por dinero, el 71 por ciento afirmó que se divorciarían más adelante. Sólo el 27 por ciento de los hombres de cuarenta años coincidió en que se divorciaría en un futuro cercano.

                                ¿Casarse por dinero… o por aburrimiento?

                                Hay muchos motivos por los que una pareja se casa: “por amor, por obtener legalidad en el país en donde se esté, por curiosidad, por ganas de tener hijos y hasta por aburrimiento”, sostiene la socióloga norteamericana Marcy Richardson, especialmente para www.enplenitud.com.

                                “En realidad, no debería por qué espantarnos el resultado de esta investigación ya que al menos refleja de manera sincera lo que los protagonistas piensan y sienten. Quizás, hasta es mejor casarse por dinero y no por aburrimiento o curiosidad que son motivaciones absolutamente inútiles”, agrega.

                                Lo cierto es que estos datos, sumados a la avalancha de anuncios de personas que se ofrecen para casarse por dinero, despertaron la sensibilidad de muchos. “La gente se asombra porque culturalmente el mandato que recibimos es casarnos por amor, sin importar si se tiene o no dinero.

                                Eso de “contigo pan y cebolla” es anticuado y anti funcional. Las sociedades han cambiado. Ahora la mujer persigue lo que quiere sin ser pacata y sin tener en cuenta el qué dirán. Si quiere dinero, pues a eso se dirige y no está mal desde el punto de vista de la motivación.

                                Cada uno gobierna sobre su destino. Nadie asegura que desear el amor por sobre todas las cosas dentro de un matrimonio sea lo mejor. Mucha gente se casa teniendo en cuenta esa premisa cultural y religiosa y luego se divorcia sin más.

                                No todo lo que nos han enseñado de pequeños hay que tomarlo como verdad absoluta o que sirva de modelo para todos, porque queda demostrado que cada quien es diferente y con necesidades y gustos absolutamente dispares”, finaliza diciendo.

                                Establecer un límite de importancia y de prioridades parece ser la clave para encontrar, en el mejor de los casos, un equilibrio entre el dinero y el matrimonio, más allá de que se elija un compromiso para gozar de bienestar financiero o amor, con todo aquello que estas dos condiciones encierran.