Según los especialistas, a los progenitores les resulta cada vez más difícil manejar la autoridad ante los hijos. Las madres trabajan e intentan reparar su ausencia evitando discusiones, el rol del padre es más flexible y se complica la determinación de límites.
Cuando los padres ponen límites a sus hijos les están enseñando a controlarse, respetarse y respetar a los demás. Si los niños no asimilan estos topes crecerán como chicos demandantes, con mala conducta, inadecuado desempeño escolar y escasa tolerancia a la frustración.
Décadas atrás el padre era el sostén económico de la familia pero desde hace tiempo y debido a las necesidades económicas en la mayoría de las casas resulta indispensable que la madre trabaje fuera del hogar. Así es como el acento se suele colocar en un proyecto económico en lugar de construir genuinamente una familia.
Paralelamente, en los hogares se manifiestan conflictos a la hora de manejar la autoridad que les incumbe a los progenitores y el respeto que los niños deben expresar. La mamá que trabaja no desea discutir con los chicos y siente culpa por el escaso tiempo disponible, a la par que el rol paterno se flexibiliza ajustándose y adaptándose para asumir tareas vinculadas con el cuidado de sus hijos.
No debe perderse de vista que los límites sirven para orientar conductas y actitudes, nunca para coartar la expresión de los sentimientos, que deben fluir naturalmente. A la hora de ser firmes es suficiente un gesto determinante pero sereno, acompañado de pocas palabras, claras y consistentes, dentro de un marco de afecto y cercanía, recordando que educar con el ejemplo es la mejor forma de establecer modelos.
También resulta fundamental que exista consenso entre los padres respecto de lo que pretenden de sus hijos y de ellos mismos. Teniendo en claro la familia que desean construir podrán crear un ambiente afable y contenedor donde prime el respeto.
Familia:
Tanto el padre como la madre se inician como tales en esa función con una historia previa como hijo. Y ésta podrá ser saludable o llena de traumas.
Es con esa historia previa como se está al lado del hijo. Es decir que existe una familia interna dentro de cada uno, conciente e inconciente y así se lo transmitimos al pequeño.
La función familia debería sostener y acompañar al hijo respetando sus posibilidades evolutivas y de la edad, reacomodándose permanentemente en función de él para sortear las crisis y fracasos.
La desocupación y la inestabilidad económica crean áreas de conflicto en los que preponderan la violencia y las amenazas que llevarán en casos extremos a buscar llenar vacíos emocionales en el alcohol o la droga.
La función parental implica un compromiso de sostener al hijo en el respeto como persona, en el afecto como garantía de pertenencia, en la palabra que tranquiliza y no en el acto que desorganiza.
Desde el psicoanálisis, se invita a pensar el mundo externo, el que creamos y en el que se desarrollan nuestros hijos. Desconocer esto y no cuidarlos es no ejercer la función familia.
Vale la pena repensar cual es el lugar responsable que nos toca como padre.
Lic. Marta Craichik
