Familia Cooperativa


~Las bondades de la siesta, el ‘Yoga Ibérico’~
 
    Dormir por la tarde entre 15 y 20 minutos protege contra el estrés y las enfermedades cardiovasculares, estimula la creatividad, relaja las tensiones laborales y aumenta el rendimiento de los trabajadores.

            Si personalidades de la talla de Camilo José Cela, Oliverio Girondo, Albert Einstein y Thomas Edison, escribieron sobre la siesta y sus bondades, algo debe haber en esta costumbre traída de España.
            Y por si fuera poco, instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Harvard o el Centro Biomédico de la Vida y el Deporte de Francia ya han destacado los efectos de dormir después de comer.
            El ‘yoga ibérico’, como sabiamente la describió Cela, protege contra el estrés y las enfermedades cardiovasculares, estimula la creatividad, relaja las tensiones laborales y aumenta el rendimiento de los trabajadores.
            De la misma forma se pronuncian varios médicos especializados en asesorar a las empresas para que adopten el descanso del mediodía, aunque hasta ahora sin demasiado éxito.
            El remedio parte de hechos comprobados: una de cada tres personas tiene problemas a la hora de descansar y esa falta de sueño durante la noche provoca, entre otras cosas, fatiga y falta de concentración al día siguiente, lo que repercute en la calidad del trabajo realizado.      
            Pero no hace falta dormir demasiado. Está comprobado que un sueñito de 15 a 20 minutos de duración, ya sea acostado o sentado en un cómodo sofá, basta para aliviar tensiones, descansar, despejar la mente, aumentar la capacidad creativa y de razonamiento y recuperar fuerzas para el resto del día.
            Además, la siesta combate los radicales libres, previene el envejecimiento y alarga la vida.
Fuente: Familia Cooperativa
Saludable
            La siesta, costumbre que hemos heredado de nuestros ancestros, ha sido calificada desde hace unos años por diversos centros científicos del mundo como muy beneficiosa para la salud.
            Cada día es mayor la cantidad de personas que se permiten un descanso de una media hora después del mediodía. Aunque no logren un sueño profundo, el relax, el dejar vagar los pensamientos (a más de uno se le han ocurrido ideas brillantes en estos momentos), hacen que al reiniciar las actividades se sientan bien, con buena disposición para continuar el resto del día.
            Incluso en los niños, especialmente los madrugadores, acostumbrarlos desde pequeños a que adquieran este hábito de descanso, aún cuando no duerman, los beneficiará en su salud y rendimiento intelectual, ahuyentando los caprichos propios del cansancio.
            Pero si una persona, en vez de sentirse mejor, se levanta de su siesta con modorra, le cuesta despertarse y el mal humor se hace presente, deberá considerar algunos aspectos como duración del descanso (no más de 40 minutos), el ambiente (silencioso y luz tenue) y la cantidad y calidad de la comida ingerida previamente (no grasas, no alcohol, etc.).
            Si a pesar de corregir tales factores, el despertar sigue siendo molesto, evidentemente la siesta es contraproducente y por lo tanto deberá evitarse.
Dra. María Isabel Casas
 
® BESOS, los de siempre…
 
 

“Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo”
~Marco T. Cicerón~
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Según los especialistas, a los progenitores les resulta cada vez más difícil manejar la autoridad ante los hijos. Las madres trabajan e intentan reparar su ausencia evitando discusiones, el rol del padre es más flexible y se complica la determinación de límites.

 

Cuando los padres ponen límites a sus hijos les están enseñando a controlarse, respetarse y respetar a los demás. Si los niños no asimilan estos topes crecerán como chicos demandantes, con mala conducta, inadecuado desempeño escolar y escasa tolerancia a la frustración.

Décadas atrás el padre era el sostén económico de la familia pero desde hace tiempo y debido a las necesidades económicas en la mayoría de las casas resulta indispensable que la madre trabaje fuera del hogar. Así es como el acento se suele colocar en un proyecto económico en lugar de construir genuinamente una familia.

Paralelamente, en los hogares se manifiestan conflictos a la hora de manejar la autoridad que les incumbe a los progenitores y el respeto que los niños deben expresar. La mamá que trabaja no desea discutir con los chicos y siente culpa por el escaso tiempo disponible, a la par que el rol paterno se flexibiliza ajustándose y adaptándose para asumir tareas vinculadas con el cuidado de sus hijos.

No debe perderse de vista que los límites sirven para orientar conductas y actitudes, nunca para coartar la expresión de los sentimientos, que deben fluir naturalmente. A la hora de ser firmes es suficiente un gesto determinante pero sereno, acompañado de pocas palabras, claras y consistentes, dentro de un marco de afecto y cercanía, recordando que educar con el ejemplo es la mejor forma de establecer modelos.

También resulta fundamental que exista consenso entre los padres respecto de lo que pretenden de sus hijos y de ellos mismos. Teniendo en claro la familia que desean construir podrán crear un ambiente afable y contenedor donde prime el respeto.

 

Familia:

Tanto el padre como la madre se inician como tales en esa función con una historia previa como hijo. Y ésta podrá ser saludable o llena de traumas.

Es con esa historia previa como  se está al lado del hijo. Es decir que existe una familia interna dentro de cada uno, conciente e inconciente y así se lo transmitimos al pequeño.

La función familia debería sostener y acompañar al hijo respetando sus posibilidades evolutivas y de la edad, reacomodándose permanentemente en función de él para sortear las crisis y fracasos.

La desocupación y la inestabilidad económica crean áreas de conflicto en los que preponderan la violencia y las amenazas que llevarán en casos extremos a buscar llenar vacíos emocionales en el alcohol o la droga.

La función parental implica un compromiso de sostener al hijo en el respeto como persona, en el afecto como garantía de pertenencia, en la palabra que tranquiliza y no en el acto que desorganiza.

Desde el psicoanálisis, se invita a pensar el mundo externo, el que creamos y en el que se desarrollan nuestros hijos. Desconocer esto y no cuidarlos es no ejercer la función familia.

Vale la pena repensar cual es el lugar responsable que nos toca como padre.

Lic. Marta Craichik

Al conmemorarse el 20 de julio el Día del Amigo es necesario recordar que la amistad verdadera requiere de sinceridad, entrega y, fundamentalmente, incondicionalidad. Esos son los pilares que transforman a la relación en un vínculo absoluto, sin restricciones.

 

Para recapacitar, resolver nuestras dudas y asimilar sin abatirnos las frustraciones y el dolor, necesitamos de experiencias y seguridades que han de provenir de nuestro exterior, muchas veces de los integrantes de nuestra propia familia, pero también de nuestros mejores amigos.

            El vínculo afectivo entre dos amigos se asienta en un dar y recibir, en el reconocimiento y la reciprocidad, en colaborar e intercambiar y también en aceptar las diferencias. Un amigo aparece como un “refugio”, un lugar donde hospedar la angustia, los secretos y las confidencias.

            Esta ligazón tan enriquecedora se basa en la libertad y el apoyo mutuo y es gracias a los amigos que nos vamos observando y creciendo, logrando la compañía necesaria para transitar la vida sin miedo extremo a los fracasos, porque ellos actúan como “amortiguadores”, como puntos de apoyo para seguir adelanto.

            No con todos los amigos mantenemos la misma cercanía emocional. La diferencia está en cuánto y cómo partimos, en el nivel de complicidad y confianza con el que interactuamos. Así las situaciones dificultosas por las que todos pasamos distinguen la calidad de nuestras amistades.

            Existen frenos para poder mantener la amistad: ser ‘fríos’, poco abiertos, padecer de dificultad para la comunicación o sentimientos de inferioridad, ofrecer un carácter obstinado pretendiendo tener siempre la razón.

En cambio, para convertirse en verdadero amigo es importante la espontaneidad, mostrarnos tal como somos, compartir el tiempo, ser afectuosos, cuidar la relación atendiendo a nuestros amigos y escuchándolos siempre que lo necesiten.

Lic. Marta Craichick.

Las vivencias de la infancia dejan las marcas para futuras amistades en edades adultas. Sin embargo, la diferencia entre el adulto y el niño es que el chico no reemplaza al amigo que pierde y su dolor por esa pérdida crea un duelo difícil de superar.

Incluso no todo es tan sencillo para los adolescentes y adultos en tiempos donde la inmediatez, la aceleración y los horarios completos producen serios inconvenientes en desarrollar una amistad que requiere  espacios “cara a cara”.

¿Cómo se suple esto? Con la tecnología: el espacio cibernético, el chat y los mensajes de texto, que han aislado la humano del otro humano. Todo se reduce a frases pequeñas, esteriotipadas, por fuera de la emoción íntima que requiere presencia y tiempo.

            Replantearnos la amistad como sentimiento es pensar acerca de nosotros mismos en cuanto a la comunicación. La amistad vincula a dos personas que además de describirla idealizándola, también esconden otras emociones relacionadas con el poder, la sumisión, las envidias. Al igual que a toda relación humana, la tenemos que comprender como una madeja de sentimientos que nos ayudarán a desarrollarnos o a detenernos y empobrecer.

            Lo mejor es estar advertidos y de esa manera conservaremos las amistades que nos ayuden a ser buenas personas.

Lic. Marta Craichick.

    Casi siempre tomamos como un sacrificio el hecho de cuidarnos en las comidas, cuando, por el contrario, debería ser un plan de vida que nos permita una mejor existencia.
    Los especialistas sostienen que las generaciones actuales han aprendido a comer mejor conforme pasan los años, aunque todavía falta mucho al respecto.
 
Aún hoy solemos asociar el hecho de cuidarnos con sacrificio y el de comer sin límites con el placer.
 
    Pero uno debe saber qué le conviene comer y qué no, así como qué proporciones o qué cantidades le irán mejor en función de su sexo, edad, talla o actividad física.
 
    Dieta no es lo mismo que régimen, el cual tiene, ciertamente, una connotación restrictiva. La dieta es simplemente un plan de vida para mantener la armonía de un sistema, tal como la definió hace dos mil quinientos años Hipócrates.
 
    Hoy, pese a todo, seguimos comiendo hasta después de hartarnos y mucho tiene que ver en esto nuestra mente. Los problemas y la ansiedad interpretada como hambre son muchas veces responsables de dicha situación.
 
    En ese marco, una considerable cantidad de individuos, tanto hombres como mujeres, sufren trastornos alimentarios, o sea enfermedades originadas por un comportamiento obsesivo relacionado con la comida.
 
    Son más frecuentes en mujeres, pero cada vez más aumenta el número de hombres que padecen este tipo de desórdenes. En tal contexto existen componentes psicológicos como inseguridad, depresión, ansiedad o relaciones conflictivas.
 
    Pero también hay causas físicas, por caso el conflicto con los cánones de belleza que la sociedad actual establece. Esto lleva a que las personas adopten un comportamiento obsesivo con su imagen alterando su propio metabolismo.
 
    Quien sufre de un trastorno de la conducta alimentaria se da cuenta de que su vida comienza a girar alrededor de la comida, planeando qué va a comer, cómo evitar comer o cómo compensar lo que ha comido.
 
    Esta preocupación por alimentarse puede parecer la única forma de manejar el estrés o la incertidumbre, generando una gran confusión, inclusive daños reales al cuerpo.
 
    La comida es una parte esencial de la vida, pero cuando una persona se encuentra bajo estrés, el apetito y la forma en que considera la comida muchas veces se ven alterados.
 
    Es de suma importancia encontrar un sano equilibrio, de tal manera que pueda lograrse un adecuado balance para la salud y el bienestar físico integral a través de dietas, ejercicios y prácticas saludables.
 
Tomado de la revista: Familia Cooperativa (Mayo)